jueves, 17 de mayo de 2012

Sex and the PITY


ADVERTENCIA: Hoy he decidido crear un personaje tipo “Sex and the City” basado en experiencias mías y de otras mujeres que han sido tan lindas de compartir sus vivencias conmigo en algún carrete o reunión, y cuyas vidas cambiaron radicalmente al quedarse solteras. Cualquier similitud con situaciones existentes en mi entorno, frescolines casanovas o féminas psicóticas que todos saben que conozco, es mera coincidencia U_U



Estos tres años de soltería han sido más instructivos con respecto a ciertas verdades acerca de las relaciones (de amistad y amorosas) que los casi diez años en los que estuve comprometida. Y aunque debo reconocer que a veces, en momentos de debilidad o de ataque hormonal severo he extrañado la segur… ¡NO! la SENSACIÓN de seguridad que da el estar en pareja, no me demoro mucho en reaccionar y recordar alguna de las tantas lecciones que he aprendido al mirar estas “uniones del amor” desde afuera.
También he aprendido mucho acerca de las verdades de la soltería; no crean que por ser ese mi estado actual me voy a tirar en picada contra los tortolitos sin reconocer y criticar la situación de los que andan de a uno por la vida U_U.
A poco de haber terminado mi última relación, empecé a notar pequeños cambios de actitud hacia mí de gente que yo juraba de cabeza conocer perfectamente. Cierta pérdida gradual del respeto a las normas de la proxémica con respecto a mi persona (Abrazos más apretados, sobajeos fingidamente casuales, ofrecimientos de sentarse en sus piernas cuando faltaban sillas y demases) de parte de viejos amigos que veías como hermanos. También resultó que a algunas conocidas ya no les gustaba la idea de invitarme a sus veladas amiguísticas, sobre todo si ellas estaban pololeando o casadas. Ni hablar de las pololas de mis amigos; pasé de ser simpática y divertida a ser florero y calienta sopa (!!!). Sé que no es idea mía, me lo han dicho en la cara, y a otras amigas les ha pasado exactamente lo mismo al estar desemparejada. Cuando vieron que yo no andaba buscando destartalar ningún hogar y que no movía mi colita hacia sus hombres, volví a ser recibida. Y aquí empezó la segunda parte del cuento; En el caso de mis amigos “adultos”, los pololos/maridos de mis amigas se volvieron sospechosamente atentos, y empezaron a contarme de los defectos de sus amadas como si yo fuera su confidente de toda la vida (Cosa que aprecio mucho chiquillos, no se confundan)… que ella no lo valora, que las cosas no son como antes, que no me imagino las cosas que él tiene que soportar… etc etc. Lamentablemente, muchas de las cosas que los caballeros reclaman son ciertas. No todas mis amigas están bien de la cabeza y las quiero igual, pero por DIOS, hay que ver lo que son cuando les baja la psicosis. Y las que son más “normales”, con el tiempo van adquiriendo actitudes que tampoco son del todo encantadoras (Oigan, cuando vencen los 3 a 6 meses de “mujer ideal garantizada”, se vuelven unas brujas del terror, a mí no me vengan con leseras ¬¬U). Entonces a mí no me queda otra que decirle al aproblemado en cuestión lo más obvio: “Pero tú la amas, ¿cierto? Si no, no estarías con ella” ¿Y qué creen que contestan? ¿¿¿AH??? ¿Qué las aman, que las adoran? ¿Qué sufren a veces pero que aguantarían todo por ellas? LAS PELOTAS. Algunos ponen cara de “=/” y hacen el ruido de un globo desinflándose  “Ñeeeeeeee…” Otros más “cariñosos” dicen “Seeee… igual la quiero haaaarto pero…” Y se encojen de hombros. Otros, de plano, me dicen “Ya no. Quiero terminar con ella, pero no sé como, no quiero herirla.” Ninguno, NINGUNO JAMÁS me ha dicho que las ama.Y yo ahí, con una pésima cara de poquer y la malquerida fémina a dos metros de mí mirando de reojo esta conversación y pensando en lo que esta vieja víbora solterona le está diciendo a su amado. A estas alturas de la vida uno sabe que NUNCA se debe recomendar a ninguno de los dos que terminen, porque si pelean y luego se reconcilian, la maldita desterrada y perseguida por una horda de campesinos con picas, guadañas y antorchas siempre será la que se metió a opinar. Así que escucho, asiento con la cabeza y comento cosas inofensivas y generalmente favorables acerca de ella (“Ella debe tener muchas cosas buenas que estás olvidando porque estás enojado”, “Yo sé que a pesar de todo la adoras, no seas tonto” “Es tan linda y te quiere mucho” y todas esas mierdas que en un futuro podrían evitar que una Kathy Ka-Boom en estado berserker me arranque la cabeza de un mordisco >.<).
De acuerdo, esto no sale de lo normal cuando la cosa queda allí. Pero cuando, acto seguido del despotrique, el viejoven te empieza a tapar de flores que ni tú te creerías, el panorama cambia. De pronto él no entiende por qué estás “sola”, y que “ojalá su mujer fuera comprensiva y paciente y divertida como tú…” He aquí otro “efecto soltera” bastante sorprendente (y posible causa de la tirria que nos tienen  muchas comprometidas): como se asume que estás automáticamente disponible creen que estarías encantada de hacerlos muy felices por más de 15 minutos, y como no estás lidiando cada día con las vicisitudes de una relación, OBVIAMENTE estás descansada y fresquita para escucharlos un rato, una vez a las quinientas, poner buena cara y darles consejos y apoyo objetivos. Pero de pronto eres lo máximo porque lo entiendes y no lo juzgas, lo escuchas y lo haces sentir especial, y en un par de minutos la mujer del sujeto parece Takhisis al lado tuyo, oh ninfa de los bosques, angel de bondad, mujer ideal!!!...WTF?!?!? ¡¡¡ Uno no hizo nada más que ser AMABLE!!! Está de más decir que si el estado etílico lo permite, una debe salir de ahí con cualquier excusa, mejor aún si ésta rompe la burbuja de idealización en la que sin querer se ha caído (algo como “permiso, tengo que ir a jalar al baño porque si no me voy a curar” suele funcionar bastante bien).
Parece que tengo para rato con esto, pero bueno, el que quiere lee y el que no se jode. Uno se va acostumbrando de a poco a estas trampas mortales y después de un tiempo las esquiva con gracia. Pero molesta, cuando uno lo piensa, verse expuesto a tanto peligro que uno DE VERDAD no se busca, todo por culpa de la fama que nos han hecho un grupo de patéticas desesperadas que cuando no tienen pareja le hincan el diente a todo cuanto se mueve, tenga “dueña” o no. Y fruto de esta misma fama, aquí viene lo otro, que ya mencioné brevemente en un párrafo anterior: Si estoy soltera, entonces DEBO estar disponible, porque toda mujer soltera de seguro busca pareja y no puedo NO tener ganas de conocer a este hombre que me honra con su atención si no tengo un compromiso previo que lo justifique. Cosas del tipo: “Pero conóceme… ¡¡¡CONÓCEME!!! Vas a ver que te hago cambiar de opinión” “Yo voy a hacer que quieras volver a estar con alguien” “¿No quieres tener hijos? Yo te voy a convencer de tener uno.” “Pensamos lo mismo, deberíamos estar juntos” “Pero si no estás con nadie, ¿Cómo no vas a querer intentarlo? No pierdes nada…” CORTENLAAAAA… Cuando alguien me gusta suelo ser YO la que va y lo deja claro, nunca nadie me ha “convencido” de nada y a estas alturas de la vida dudo que algo así sea posible siquiera. Gracias por el interés, pero si digo que no, es en serio. No offence.
Por el otro lado, desde mis amorosas congéneres, recibo muchas veces un trato igualmente molesto. Si estoy sola y su novio OSA conocerme y saludarme, misteriosamente me convierto en una amenaza letal y en una bataclana que se está metiendo donde no debe. Lo peor es cuando tu amigo bebe un poquito y con la confianza de siempre te habla y no te suelta mientras una mira por encima de su hombro como el odio sale como lenguas de fuego por los ojos de la señorita en cuestión. ¿Por qué cresta se enojan? ¿Sus pololos no pueden tener amigas que ellas no administren? O por último… ¿Por qué no se enojan con ELLOS? Ya sé, ya sé… porque una mujer sola es intrínsecamente malvada y buscona, claro. Seguramente lo piensan porque eso es lo que ellas son cuando andan solteras. Pero a mí no me metan en su saco de papas, y cuando tengan algo que decir acerca de mi comportamiento con los hombres, hablamos. Díganme pesada, vieja, chica y gorda cuando quieran; si eso fuera lo peor que pudieran decir de la mayoría de las mujeres, créanme que saldrían ganando. Pero bruja, psicótica, mina común y corriente yo no seré jamás.
En resumen  (y porque ya me aburrí), con las correspondientes y escasas excepciones que en alguna parte deben existir, estar en pareja no demuestra, ni asegura, ni garantiza NADA, y estar soltero está MUY lejos de ser un estado de libertad y de relajo. Ambos estados son complicados, engañadores, costosos, frágiles y peligrosos. Háganse cargo de su opción sin culpar a los demás.
Aún así, yo sigo eligiendo la soltería. Como todos, me puedo ir a la mierda en cualquier momento… pero por lo menos no arrastro a nadie y nadie me arrastra a mí.

jueves, 19 de enero de 2012

Por mujer me pasa...

Hace un par de días, fui al cine a ver Sherlock Holmes 2. Watson se iba a casar y no podía entender que Holmes no lo apoyara ni quisiera lo mismo para él. Holmes, por su parte, no lograba entender por qué Watson desearía algo diferente a lo que ya eran sus vidas. Discutieron acerca de las ventajas y desventajas del matrimonio. La conclusión que Holmes sacó a partir de los argumentos de Watson fue: “Entonces tú vas a formar una familia y yo voy a morir solo”, a lo que Watson asintió. Pasaron unos segundos y Holmes le dijo que le parecía preferible morir solo que vivir en un purgatorio eterno. Watson sólo pudo poner cara de exasperación ante este amigo que parecía no entender de qué se trataba la vida. Y fíjense ustedes que todo esto me recordó las conversaciones en las que descuidadamente me he visto envuelta a la hora de “compartir” con muchas de mis especiales y simpáticas congéneres.
Hablan de sus motivaciones con ojos tipo gato con botas de Shrek, esperando mi empatía y comprensión absoluta -porque soy mujer- y yo fluctúo entre mi cara de poker y mi mejor esbozo de sonrisa a lo Merlina Adams. Sea dicho motor su hij@ –que por ser mujer debería conmoverme-, la carrera –que por ser mujer debiera parecerme más meritoria-, la familia que piensa formar con su hombre – y por ser mujer yo debería desear lo mismo al estar enamorada-, la adquisición de la casa propia –porque soy mujer y debo querer un hogar- y… y sería todo. Yo miro para afuera y sí, sus vidas giran en torno a eso, y está bien, sobre todo cuando son felices y cuando esas cosas les dan fuerza para soportar los días malos. Pero a mí esas cosas no me entusiasman. Entonces… ¿Qué le queda a una mujer como yo?  Jamás se me ha pasado por la cabeza  que un hijo es indispensable en la vida, o que una carrera me va a hacer una persona más valiosa, o que mi meta sea formar una familia… es más, no me gustan las familias. Son caras, conflictivas, demandantes y agotadoras… igual que un hijo o una carrera o un crédito hipotecario. Pero recibo miradas incrédulas y hasta indignadas cuando explico, previa pregunta de ellas, lo que siento al respecto de las únicas posibilidades de vida que al parecer se conciben para mi género. Creen que estoy en negación, o que estoy traumada, o que soy demasiado inmadura para mi edad y “que cuando tenga un hijo propio voy a entender”(porque sí o sí voy a tener un hijo (!!!) y porque si una no está de acuerdo con ellas es porque no entiende). Con más paciencia de la que realmente tengo, les digo que está bien que ellas vivan así, pero que no es lo mío. Y si luego de eso no se emputecen conmigo, me miran con esa cara condescendiente del “ya llegará el tiempo”, como si todo mi discurso fuera un bluff para ocultar que siempre he querido lo que ellas y no he sido capaz de conseguirlo. ¡Ojalá fuera así, al menos sabría exactamente qué hacer y tendría el apoyo de tooooodo un mundo que funciona bajo esos términos! Pero no, resulta que no quiero nada de eso y lo que quiero suele ser pasajero o de plano, insostenible. Ojalá yo pudiera ser como Sherlock Holmes, absorto, enamorado de sus aventuras, viviendo en un mundo cuya realidad no aplasta con cotidianeidades cada pasión no tradicional que se atreve a asomar en mi cabeza. Ojalá me interesara algo hasta semejante punto, aunque fuera para hacer callar a estas gallinas ponedoras que me miran feo. Pero el problema soy yo, o el mundo es muy pobre para lo que necesito. Ya sé lo que van a decir.
U_U !!!

lunes, 16 de enero de 2012

Del Metro y mis aún reprimidos instintos asesinos

Cuando me subo al metro me siento enferma. Mis fobias se magnifican hasta que yo misma me veo desde afuera y me pregunto que hago fuera del psiquiátrico. Entre olores sospechosos y roces totalmente innecesarios que solo yo parezco preocupada de evitar, mi aversión a la gente me deforma la cara en una mueca de asco que podría indignar a un defensor de los derechos humanos. Entonces, como NUNCA hay asientos y los pocos que uno puede encontrar son rápidamente exijidos de forma nada amable por una vieja de mierda o una bellaca preñada, busco ese espacio que queda entre la puerta y los asientos y me pongo de cara al muro para no respirar directamente de los tufos ajenos, y no quedar morbosamente pegada mirando una cara extraña o alguna pata monstruosa descaradamente expuesta desde una ínfima chala. El viaje se hace eterno, y a veces hasta me dan ganas de llorar. Los odio. Me dan ganas de decirles que no tengo por qué andar esquivando la vista de sus juanetes o tolerando el contacto caliente y casi viscoso de sus cuerpos rollizos cuando es cosa de mirar para el lado y ver que hay suficiente espacio para estar separados por al menos un par de centímetros. Que ni sus embarazos ni sus críos ruidosos me conmueven y que hago el esfuerzo, desconocido para ellos al parecer (so miserables bestias) de no estorbar, pero que aunque sea pequeña ocupo un espacio que ellos NO PUEDEN OCUPAR mientras yo esté ahí, y que si me vuelven a empujar o a apretujar innecesariamente les voy a reventar su mugrosa pata pelada de un pisotón con toda mi fuerza y todo el peso de mis enormes plataformas. Algo me dice que no soy la única que sufre de esta fobia furiosa, que parece injusta pero no es en lo absoluto injustificada, y que la manía de moda actual de ser "políticamente correcto" y de lapidar a cualquiera que reconozca que la gente en su mayoría es un asco, nos impide unirnos abiertamente contra las atrocidades que pasan por normales en estos vagones infernales.

sábado, 14 de enero de 2012

Lloriqueos varios y misoginia idiomática U_U

Antes, me movía el hacer de todo con mi vida. Ahora no sé qué hacer con ella, como si me estorbara igual que estorba el brazo en el que uno se apoya para dormir de lado. Y al igual que no me cortaría el brazo para dormir mejor, no me suicido. Pero qué quiero, si decir que quiero algo me suena a farsa, o peor, a algo que no puedo reconocer sin desestructurarme. Lo que dije el otro día en mi clásica angustia borracha y drogada de la mañana es lo único que me suena honesto sin llegar a delatar del todo mis inaceptables y esporádicas ganas de vivir como los otros... "I want to be taken away." ¿Cómo diría esto con tal precisión en castellano? No se puede. El inglés no tiene tantas palabras porque suena y tiene sabor a lo que se dice, no necesita la parafernalia española para lograr una exactitud en su expresión que con todo el diccionario de la real academia apenas se puede intentar. Describir algo en mi idioma natal es un constante riesgo de caer en la exageración y en la redundancia sin alcanzar jamás a dar en el clavo de lo que se necesita comunicar. El inglés me recuerda a los hombres y el español a las mujeres por esto.